EL RETRATO FOTOGRAFICO

INTRODUCCION.

El aspecto, el carácter y la forma de vida de las personas han ejercido siempre una intensa fascinación, que ha generado el deseo de dar a esas sensaciones un carácter permanente: es decir, de hacer retratos.

“Para muchos, el retrato seguía siendo la finalidad de la fotografía. Definitivamente desbancado, el daguerrotipo desaparece durante los años 50 en Europa. Y el calotipo cede rápidamente el paso al colodión. La posibilidad de instantánea que suponía el nuevo procedimiento, su costo muy inferior al del daguerrotipo, el advenimiento de la imagen multiplicable abren paso definitivo al retrato fotográfico en la vida del siglo XIX.”

El campo del retrato fotográfico es rico y variado; abarca desde la imagen sencilla y poderosa de una cabeza hasta una pequeña figura recortada contra un amplio paisaje. El retrato habla tanto del aspecto como de la idea e impresiones del sujeto. Paul Strand afirmaba que: El fotógrafo solo puede crear imágenes significativas si “aprovecha de forma natural e inevitable las características propias de su medio poniéndolas en relación con su propia experiencia vital”. La fotografía alcanza sus más bajos niveles de calidad cuando la escena resulta reconstituida radicalmente por el autor. La cámara puede mentir, pero no lo hace de forma convincente. La fotografía es el instante mismo, el fragmento de vida escogido por el autor para comunicar la impresión que le ha causado una persona o un acontecimiento.

Pero el retrato no se reduce a instantes fugaces e instantáneas espontáneas: exige preparación, reflexión y aplicación.

La gran mayoría de los retratistas del siglo XX se han centrado en dos actitudes básicas: La consideración del estudio como el único escenario posible del retrato, y la mistificación y santificación de la luz, a tal punto es así que la mayoría de la producción fotográfica de esta disciplina esta realizada en estudios; artistas como Yousuf Karsh, Irving Penn, y Richard Avedon entre otros, han realizado casi todos sus retratos en ese ámbito.

¿Es la fotografía un arte, una ciencia o una actividad artesanal? Lo que es indudable es su capacidad para comunicar, conmover e informar, y en estos aspectos se manifiesta como un medio poderosos y a la altura de las demás disciplinas artísticas. Al analizarla más de cerca, se descubre que como en el resto de las artes, la creatividad no reside en el medio, sino en la capacidad o aptitudes de quien lo utiliza.

Es un hecho incuestionable que no puede controlarse un medio por completo hasta que no se dominan todos los aspectos técnicos que le son propios. En el retrato, como en otras ramas de la fotografía, no es posible sumirse en el estudio de sus posibilidades creativas si las exigencias técnicas del motivo resultan insuperables.

Este capítulo de EL RETRATO intenta poner al alcance de cualquier fotógrafo los procedimientos y técnicas básicas del retrato.

 

 

COMPOSICION DE LA IMAGEN

La vista prefiere el orden y la sencillez y rechaza instintivamente el caos. Por lo tanto, la primera regla de composición es eliminar de la escena todos los elementos superfluos, que distraigan la atención o produzcan confusión, para que el sujeto principal domine la imagen. En general el fotógrafo carece de la libertad del pintor
para organizar el entorno, por lo que debe encuadrar cuidadosamente, con el fin de aislar la parte de la escena que le interesa.

Para mejorar una composición basta en ocasiones desplazar ligeramente la cámara, modificar la distancia que la separa del sujeto o cambiar el objetivo.

En el retrato, la situación del sujeto en el encuadre es muy importante, debemos situarlo de modo que no resulte eclipsado por otras formas prominentes. Por lo general los mejores fondos son el tono uniforme, blanco o negro y sin mayores detalles, por ejemplo paredes lisas o el cielo. En ocasiones, aplicando la regla de los tercios y el principio de la conducción de la vista por medio de líneas que van hacia el motivo, podemos reforzar la imagen.

La composición debe utilizarse para aumentar la vitalidad de la imagen, debemos procurar no dirigir la vista del observador al centro de la fotografía; de hecho la posición central suele ser la menos conveniente para la cabeza del retratado, y también la menos interesante, una posibilidad es encuadrar el rostro ligeramente descentrado y equilibrarlo con otro elemento, como las manos, un cuadro o incluso la línea de los hombros. Si deseamos situar al sujeto en el centro, debemos recurrir a otros elementos tales como el color, los detalles en el primer plano, la iluminación especial o algún objeto que enmarque el motivo para dar vida al resultado.

Los formatos rectangulares permiten elegir entre composición vertical u horizontal. La primera llamada precisamente “ de retrato”, no siempre es la más adecuada, porque a veces debe incluirse parte del entorno, y en ese caso da mejor resultado la composición horizontal o “de paisaje”.

El retrato fotográfico se basa en un proceso de cooperación entre el fotógrafo y el modelo. Conseguir que la gente se relaje es sobre todo una cuestión de comunicación. Se debe alentar la confianza del modelo entablando conversación con él sin omitir halagos y aconsejarle en lugar de criticarle. Por ejemplo, si está demasiado rígido se le hará una fotografía y después se le pedirá que cambie de pose, una vez que el modelo se sienta involucrado y vea que todo funciona bien, la expresión hostil desaparecerá por sí sola.

Conocimiento de la luz: Aunque la luz no el elemento más importante del retrato, ningún fotógrafo dominará por completo el significado de éste, si no es capaz de apreciar las cualidades de la luz e interpretarla debidamente.

En primer lugar, debe valorarse la luminosidad; es decir, la fuerza visual o intensidad de la luz, que depende de la cantidad reflejada por el sujeto hacia el objeto. La luminosidad puede variar radicalmente en las diferentes partes de la escena; por otra parte, una zona clara parecerá más luminosa si está junto a otra oscura.
El cálculo de la exposición y la composición de la imagen dependen de la distribución de esas diversas intensidades en la zona encuadrada.

La segunda característica importante de la luz es la calidad que define su grado de dureza o suavidad y afecta considerablemente a la apariencia de los objetos y las personas. La luz suave da al rostro una redondez delicada, aclara las sombras y disimula las imperfecciones de la piel.

El cielo cubierto y la luz artificial muy difusa son de este tipo. La luz dura es muy espectacular y produce sombras de contraste intenso, no favorece pero da al resultado fuerza e impacto. El sol directo y los focos producen luz dura.

La dirección de la luz (el ángulo con el que incide en el sujeto) revela las formas y la estructura, si iluminamos el rostro frontalmente, el resultado será escasamente tridimensional. A medida que la fuente luminosa se desplaza hacia un lado del motivo, realza sus rasgos.

El modelado facial también depende de la altura de la luz en relación con el sujeto; así, a la altura del rostro el resultado será uniforme y sin sombras. Al elevarse la luz, empezarán a aparecer bajo la nariz, las cejas y las mejillas. Si la elevación es grande, proyecta sombras profundas bajo todos los salientes. Cuando el rostro se ilumina desde abajo, las sombras se forman hacia arriba y dan un aspecto siniestro.

Estos últimos conceptos, son aplicables tanto con luz natural como artificial. Al utilizar esta última, lo más importante es comprender que siempre debe haber una fuente luminosa dominante tipo flash, foco o lámpara sobrevoltada. Para retratos, la iluminación más atractiva es la llamada “Hollywood”, que implica el uso de, por lo menos dos fuentes. Una de ellas se sitúa a medio camino entre la posición lateral dura y la frontal uniforme a la que llamaremos Luz principal y se coloca a 45° respecto del modelo y a 1m sobre su cabeza, la otra cumplirá funciones de Luz de relleno siendo difusa y más débil, colocándola junto a la cámara para aclarar sombras, ésta última no crea sino que rellena o suaviza las sombras creadas por la primera luz, es conveniente colocarla lo más cerca posible de la cámara o reflejarla en una superficie clara. Como alternativa, podemos utilizar una tela o un gran cartón de color blanco en el lado opuesto a la luz principal.

EL RETRATO CON LUZ NATURAL

Un buen retrato de un ser querido, siempre es un agradable recuerdo pero, eso no significa que sea fácil obtenerlo, ya sea porque disponemos de un equipo sofisticado o porque consideremos que mientras la luz caiga sobre el rostro es más que suficiente. Los retratos en exteriores tienen un atractivo muy difícil de conseguir en el estudio sobre todo cuando es posible aprovechar incidentes espontáneos que los hace más interesantes desde el punto de vista visual.

Por la mañana o por la tarde, cuando la luz cae oblicuamente sobre el modelo, será mejor momento que al mediodía puesto que la luz es menos dura, podemos decir que cualquier momento en que el sol esté en un ángulo menor de 45° con respecto al horizonte será bueno.

El rostro, es la parte más importante de un retrato debiendo basar la exposición en la cara y no en el fondo. Para ello, hay que acercarse y verificar que combinación de abertura y velocidad de obturación es la indicada y después volver a la posición desde donde se va a fotografiar.

La luz directa: El uso de la luz directa con distintos ángulos de incidencia, no siempre produce resultados favorecedores.

Recordemos que: La luz directa al crear sombras muy bien definidas y altas luces muy intensas, puede complicar las imágenes con muchos detalles, así como es útil para crear efectos muy pronunciados, no es la mejor para mostrar contrastes sutiles.

ADAPTACION DE LA LUZ SOLAR

La luz solar se puede modificar de varias formas a fin de mejorar las fotografías, pero, para hacerlo con éxito, antes debemos reconocer el tipo de luz de que disponemos: Si está soleado con luz directa que crea sombras profundas, o si nos ha tocado en suerte un día nublado con luz difusa que apenas crea sombras. ¿De donde viene la luz? ¿Viene de más de una dirección?

Una vez contestadas estas preguntas, podremos plantearnos si es preciso modificar la luz, ya sean utilizando paneles reflectores absorbentes y difusores o con un flash de relleno.

Reflejar la luz
La luz del sol entrando por una ventana nos puede ofrecer múltiples posibilidades de éxito si prestamos atención a la parte sombreada del rostro que puede quedar muy oscura y sin detalles. Para solucionar el problema habrá que reflejar un poco de luz sobre la escena. Un reflector de color claro es fácil de fabricar con elementos tales como una cartulina blanca, una sábana o una simple toalla. Otro método sencillo de reflejar luz es a través de un diario o un libro sostenido por el modelo en sus manos, como también colocar un mantel blanco si la persona está sentada a una mesa, de manera que refleje la luz hacia arriba.

El flash de relleno: Recibe este nombre porque “rellena” de luz las sombras, añade luz adicional a la fotografía y la mezcla con la luz del día. Sólo da resultado si el motivo no es demasiado grande y no está lejos de la cámara. La distancia máxima dependerá de la potencia del flash. Para un retrato con un contraluz muy marcado, el flash de relleno será muy importante para dar detalle en las sombras del primer plano y además para reducir el contraste de la escena.

El retrato ambientado:
El retrato que muestra al sujeto dentro de su entorno se conoce como retrato ambientado. La habilidad del fotógrafo se demuestra cuando éste utiliza el escenario de manera creativa, de forma que los elementos que conforman este escenario contribuyan a mejorar la fotografía y proporcionar información adicional acerca del protagonista de la imagen final.

image credit: Moving Still Pictures Photography

Fotografía de grupos: Normalmente las fotografías de grupos son apaisadas, el secreto reside en colocar a las personas a diferentes alturas, ya sea utilizando escalones, sillas o cajas, parados, arrodillados o sentados. El objetivo ideal es el 28mm, que asegura una imagen bien proporcionada y un generosos ángulo de cobertura.

 

image credit: Oscar Dominguez photographer

 

El retrato masculino:
Para obtener un buen retrato informal de un hombre se precisa un planteamiento distinto que para fotografiar a una mujer. A los rostros masculinos les favorece la iluminación lateral y las sombras intensas (incluso en la cara) muchas veces aumentan el atractivo de la imagen.
Debemos tratar de acentuar los rasgos faciales si lo que buscamos es una fotografía con carácter. Con un modelo masculino, el sol del mediodía no tiene que ser necesariamente desfavorecedor, situar al modelo de forma que un lado de la cara le quede inmerso en la sombra es un esquema básico muy aceptable.

El primer plano y las ópticas adecuadas:
Los primeros planos transmiten una información limitada sobre la persona, pero su impacto e intimidad son mayores sobre todo cuando se amplían a tamaño natural.
Si la intención es obtener un primer plano de gran impacto, el peor error que podemos cometer es acercarnos demasiado al rostro, ya que la imagen aparecería distorsionada. A poca distancia, una nariz normal parecerá demasiado grande con relación al resto del rostro. Desde un ángulo de toma elevado ocurrirá lo mismo con la frente.

Para devolver a los rasgos del modelo sus correctas proporciones y al mismo tiempo realizar un primer plano, hay que retroceder un poco y utilizar un objetivo de mayor distancia focal.

Las proporciones: La correcta proporción del rostro en una fotografía, la logramos con la utilización de la distancia focal adecuada. Las siguientes imágenes reflejan cómo al alejarse y cambiar de objetivo se va corrigiendo progresivamente la distorsión producida inicialmente utilizando un gran angular a corta distancia del modelo.

Los objetivos con distancias focales entre 85 y 135mm – o los zooms – son más adecuados para primeros planos, ya que permiten situarse entre uno y dos metros de distancia, pero poniendo atención a que la profundidad de campo es muy pequeña. Habrá que enfocar los ojos, o, si la cabeza está ladeada, el ojo más próximo.

¿ De frente o de perfil?
Un retrato tomado de frente se comunica con el espectador de forma muy directa, quizás a través de la risa o con una mirada sugerente. Esta pose favorece a las personas con ojos bonitos y rasgos regulares.
La toma de perfil puede parecer excesivamente posada, sin embargo puede resultar sorprendente e informal si realzamos el cabello echando la cabeza hacia atrás y mostrando la grácil y esbelta curva del cuello.
El retrato de busto o medio cuerpo son los más clásicos, dan una impresión más relajada que el retrato de primer plano. Para conseguir una pose natural, el modelo moverá el rostro ligeramente hacia un lado y mirará la cámara sin mover la cabeza, esto dará un toque de espontaneidad, como si se tratara de una mirada casual.

Retratos Dobles:
La colocación de dos personas en un encuadre debe ser sencilla, el rectángulo ligeramente alargado del formato de 35mm nos sugiere realizar un retrato de medio cuerpo con los personajes colocados uno al lado del otro. Es importante no colocar las dos caras al mismo nivel, a no ser que la pareja se este mirando y por lo tanto estén de perfil, el resultado podría ser muy trivial y monótono.

La elección de la pose: Si lo que se persigue con el retrato es subrayar la belleza como resaltar la personalidad, la pose que adopta el modelo es decisiva. La edad, la contextura física, el sexo, son factores importantes en el momento de elegir la pose. Ante todo, hay que evitar los primeros planos de frente, si no existe una razón especial, ya que favorecen sólo a unos pocos rostros. Después hay que asegurarse de que el modelo se entra a gusto, sobre todo si se trata de una persona mayor. Sentados en su silla favorita, él o ella adoptarán una postura relajada.
La silla ofrece también un punto de apoyo para los brazos y ayuda a resolver un problema clave: la colocación de las manos. En un retrato las manos requieren casi tanta atención como el rostro, denotan enseguida si una persona está tensa o
tranquila, y dicen mucho acerca de la personalidad, ejemplo: las manos entrelazadas sugieren un carácter mesurado y a la vez dinámico, una mano sujetando el mentón ayudará a dirigir la mirada hacia el rostro.
Con los jóvenes se pueden buscar poses menos estáticas y convencionales aprovechando actitudes espontáneas y naturales.

Tonos altos: Un retrato en tonos altos, ya sea en blanco y negro o en color, se caracteriza por la eliminación de las sombras pronunciadas, y lo ideal sería que no apareciera sombra alguna, tan sólo con algunos toques negros en los ojos, pestañas y parte del contorno del rostro. Es un tratamiento adecuado para crear un ambiente que se asocia con la feminidad.

La luz más adecuada es la completamente indirecta. Ninguna de las fuentes luminosas se dirige hacia el sujeto, sino que todas ellas se reflejan en superficies blancas. Se precisan al menos tres: dos a ambos lados del retratado, y una tercera para iluminar el fondo (éste debe ser también de tono muy claro, de preferencia blanco) Muchos profesionales hacen retratos de tonos altos con el sujeto en el interior de una tienda blanca, iluminada exteriormente desde todos los ángulos, con luces de la misma intensidad. Al ser todas las fuentes luminosas de la misma potencia, no se forman sombras.

Tonos bajos: En un retrato de tonos bajos, predominan las sombras densas y grandes zonas de la imagen quedan sin iluminar. Las mejores fuentes luminosas son los focos fuertes, contrastados y muy concentrados. Es importante limitar la zona iluminada, lo que resulta difícil con lámparas de iluminación difusa.
Los mejores estudios de este tipo suelen realizarse con una sola fuente luminosa dirigida al rostro, o incluso tan sólo a una parte del mismo, de manera que el resto de la cabeza y los hombros queden simplemente insinuados.

ALGUNOS CONSEJOS PARA MEJORAR SUS RETRATOS

Relaje al modelo: El primer objetivo, es lograr que el modelo se sienta cómodo, la música, la conversación suelen ser de gran ayuda, pero sobre todo el fotógrafo debe mostrarse relajado y seguro para crear un clima distendido, la utilización de un teleobjetivo mediano reducirá las posibilidades de intimidar al modelo.

Elección del fondo: El fondo debe elegirse en función del efecto que se desee transmitir con el retrato, se puede optar por uno sencillo y neutro, o por otro más elaborado, pero siempre cuidando de no quitar protagonismo al motivo.

Agregar complementos: Podemos realzar la composición agregando complementos. Por ejemplo una planta de interior o un mueble antiguo debidamente ubicado, puede agregar variedad al retrato. Los complementos también se pueden emplear para facilitar información acerca del modelo, tales como elementos que corresponden a su actividad o profesión. Ej: caballetes, pinceles, instrumentos musicales etc.

Cuidar la composición: Si se quiere realzar las distintas expresiones del modelo,
se debe llenar el encuadre con su rostro asegurándose que los ojos estén perfectamente enfocados. Si se opta por un retrato de tres cuartos, lo mejor es cortar por encima de las rodillas, preste especial atención a las manos, su forma y posición pueden decir mucho de la personalidad del modelo.

Elegir la iluminación apropiada: Una iluminación intensa y oblicua, hará resaltar las marcas y las arrugas, mientras que, bajo una luz difusa, aquéllas tenderán a disimularse.

Buscar la pose más adecuada: Seleccione una pose que proporcione lo mejor del modelo. Las personas extrovertidas se pueden sentir complacidas mirando directamente al objetivo. No obligar nunca al modelo a adoptar una pose en la que se sienta incómodo, porque se le verá tenso en la fotografía.

Tome dobles retratos: Dé pruebas de la relación entre dos individuos tomando un doble retrato de los mismos. Una forma de crear una composición interesante y dinámica es disponer las caras de los modelos de forma que queden en diagonal. Uno puede quedar ligeramente a la izquierda y por encima del centro del encuadre y el otro por debajo y a la derecha.

Autorretrátese: Fotografiarse a uno mismo, puede resultar provechoso, no sólo
es divertido, sino que además le ofrece la posibilidad de experimentar la toma de retratos con un motivo que no se mostrará ni reacio ni tímido.

No prolongue las sesiones: Las personas se aburren e impacientan fácilmente, lo mejor es hacer una pausa y replantear la sesión, haga participar al modelo y siempre solicite su opinión.

 

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