La uni photo Launionhacelafuerza_zpsd587fec1.jpgIlusión de fraternidad

Un compañero con el que no estoy de acuerdo, afirma que la existencia de Internet, con sus foros y grupos específicos, ha conseguido que videastas y fotógrafos hermanáramos no sólo con nuestros pares sino también con profesionales de diversos sectores relacionados con la actividad. Yo puedo aceptar que la red ha favorecido la exposición, permitiendo amplificar tendencias de nuestra personalidad que antes recorrían circuitos mucho más reducidos, pero asumir que establecimos y estableceremos relaciones fraternales con todos los colegas, los propietarios de laboratorios, los titulares de salones de fiestas y los organizadores de eventos cuasi desconocidos es poco menos que idealizar. El simple hecho de curiosear lo que otros quieren exhibir o imaginar que lagrimean ante nuestras inesperadas anécdotas familiares tampoco califica como argumento concluyente. Le respondí a mi amigo que, según mi criterio, esa exaltación de la camaradería quizá devenga de la ilusión de intimidad y confidencia que suele producir la lectura, un acto privado; que “la voz del otro que le habla al oído” no le habla sólo a él, y es posible que ni siquiera lo tuviera en cuenta en el momento de publicar; que se trata de una construcción mental. Con su mejor sonrisa me respondió que no era estúpido (y sé que no lo es), pero cualquiera de nosotros puede olvidar que en la red informática, donde el contacto también puede producirse en un entorno caótico, colectivo y multidireccional, la perspectiva es lineal; me refiero a que buena parte de lo desconocido nos llega sólo con las líneas de sus contornos, incluyendo a las personas.

Hay que unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos

Nuestras correlaciones laborales y profesionales se han aclimatado y encajado en las nuevas siluetas del ciberespacio, pero apenas han mudado su naturaleza. Nos hemos vuelto negociantes más astutos y dominadores de un léxico que asombra a nuestro cliente posible, pero siguen aquejándonos los problemas de siempre y, además, algunos nuevos. Basta con echar una mirada a los grupos que nos reúnen en facebook, por ejemplo, para reconocer cómo se apilan reclamos y disgustos: en tal o cual sitio no nos han tratado como merecemos, no nos acercaron siquiera un vaso de agua; encontramos en el suelo, bajo una mesa del patio, los costosos equipos que habíamos resguardado dentro del salón; un malparido se apropió de mi trabajo, de mis fotos, de mis videos, de los diseños que tenía colgados en Internet; una pareja, a punto de contraer matrimonio, me acaba de mostrar un presupuesto emitido por el mismo laboratorio fotográfico con el que trabajo; fulano, en quien había depositado toda mi confianza, me birló un cliente, reconociéndole la seña que éste me había entregado el mes pasado como parte de pago; mengano no ha estado hablando bien de mí, ya lo voy a agarrar; zutano, con quien nunca tuve reparo en compartir mis conocimientos, ahora me niega una mano; perengano me dice que, para poder trabajar en el salón de fiestas que administra, debo pagar… y todos los etcéteras que puedas imaginar. Este año cumplo veinticuatro en el oficio del realizador audiovisual; hoy, como ayer, seguimos discutiendo cómo resolver estas y otras cuestiones semejantes. Lo curioso es que, pese a lo expuesto, nos sigue costando poner en marcha entidades representativas y comprometernos con ellas, tanto para colaborar con su crecimiento como transformar sus principios en beneficio del conjunto de personas que ejercen el mismo oficio. Nos sigue costando la unión, esa que, dicen, hace la fuerza. En cambio, fijamos la trascendencia de nuestra actividad y vocación únicamente en una costosa tecnología de imagen, estamos convencidos de que la impetuosa adquisición de equipamiento nos hará respetables o que será suficiente para convertirnos en lo que no somos. Hemos apostado la dignidad profesional a los renglones del consumo; desestimamos la mutualidad y sólo atisbamos el valor de una asociación de fotógrafos y videastas cuando se presenta un obstáculo en nuestra trayectoria comercial. Lo expresado no pone en tela de juicio las ambiciones valederas del videasta en el terreno de la expresión, la afición, la inspiración artística, tampoco su evolución como individuo que aspira transmitir ideas o sentimientos con su obra, sino posturas que, aparentando independencia, translucen rasgos marcadamente individualistas.

Conclusión

En las últimas semanas, recibí más de quince mensajes privados enviados por colegas desmoralizados; les interesaba saber qué determinación había tomado, a nivel comercial, en estos momentos difíciles de la Argentina, donde la inflación real se hace sentir en nuestro bolsillo (y también en nuestro carácter) y el dinero tiende a lo fantástico. A todos respondí lo mismo; es decir, a cada uno le envié el vínculo a uno de mis artículos, llamado: “Unirnos para compartir antes que alejarnos para conservar” (*). Claro que allí no encontrarían fórmulas maravillosas ni la solución al desbarajuste económico del país, sino las honestas reflexiones de un compañero que, entre otras cosas, entiende que en el colectivo de fotógrafos y realizadores audiovisuales la colaboración y la participación nos vuelven menos vulnerables y, por qué no, menos temerosos ante contratiempos o dificultades que en tantas ocasiones se minimizarían si pudiéramos apoyarnos en la fuerza del grupo.

Este artículo no pretende, bajo ningún pretexto, tornarse totalitario ni englobar a la generalidad de las personas que ejercen esta y otras ocupaciones en relación recíproca. He querido penetrar un aspecto puntual en el plano de la realidad compleja y diversa en que practicamos nuestros oficios, una realidad con matices, interesante para ensayar un análisis.

Según mi criterio, y para concluir, estimo que en la medida que no se produzca un cambio individual es imposible perseguir la idea de un giro colectivo. Soy consciente de no ser el único en pensar de este modo, pero, mientras tanto, seguimos esquivando muchas de las responsabilidades que nos iniciarían en el camino que pregonamos. Seguimos equivocando la inversión.

(*) Unirnos para compartir antes que alejarnos para conservar” 

 

Ariel García
Realizador de Videos
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