Esta publicación comprende una síntesis de la disertación: “La importancia de formar agrupaciones o asociaciones de realizadores audiovisuales y de fotógrafos”, desarrollada en la conferencia que ofreciera, el sábado 6 de julio, en el marco de la Expo Boda y Quince Cuyo 2013, realizada en San Luis. Dada la extensión y complejidad del tema que expuse, aunada a mi intención de acercarles el texto, he compuesto este resumen que, lamentablemente, deja fuera algunos puntos que podrían resultar de interés; a pesar de ello, entiendo que mi escrito cumple el propósito de presentarles lo sustancial de mi pensamiento. 

La importancia de formar asociaciones de realizadores audiovisuales y de fotógrafos

Introducción

“La unión hace la fuerza” es una frase que la mayoría de nosotros ha escuchado alguna vez, he querido traerla a esta conferencia porque siempre me ha cautivado su resistencia, esa solidez que, debido a la combinación precisa de sintaxis y vigor de contenido, no pudo desgastar la repetida pronunciación.

Entiendo que una agrupación, un colectivo, se robustece cuando sus componentes logran conducir las inquietudes individuales a un plano de debate y reflexión conjunta.

Son muchas las circunstancias en que, tanto fotógrafos como realizadores audiovisuales, sentimos la soledad, el temor y el desconcierto; al pronunciar estos términos, me refiero especialmente a esas sensaciones que abruman cuando nos descubrimos  desconocedores o aturdidos ante la embestida de tendencias y tecnología, a las preocupaciones laborales y los vaivenes comerciales, a las indecisiones que sobrevienen con la elección de nuevos instrumentos de trabajo, a la inseguridad… y un cúmulo de contratiempos o sobresaltos que en tantas ocasiones disminuirían si encontrásemos apoyo en la fuerza de un grupo.

Podríamos convenir en que para los realizadores audiovisuales argentinos no ha sido fácil poner en marcha entidades representativas, y mucho menos sostenerlas. Yo he sido testigo de un buen número de proyectos y planes tendientes a crear organismos para agrupar a videastas profesionales, y he lamentado el modo en que muchas ideas bienintencionadas fueron apagándose.

¿Por qué es tan difícil lograr cohesión duradera, estable, entre videastas? ¿No somos conscientes, acaso, de que la unión haría la fuerza y agrupándonos alcanzaríamos destinos que, aislados, nunca conseguiríamos?

 La importancia de sentar una filosofía

Como respuesta al dilema planteado en los párrafos precedentes, y según mi criterio, la fisura por donde acaban filtrándose muchos entre los objetivos originales de las personas comprometidas en proyectos de asociación, deviene de la poca o nula atención que se presta, en diversas fases de la organización, a la necesidad de concebir sostenes ideológicos, entendido esto como: un sistema de creencias socialmente compartido por los miembros del colectivo, que definen en gran medida su identidad y les permite organizar, coordinar sus acciones e interacciones, y dirigirlas a los intereses del grupo. Este descuido, entre otros, acaba por diluir las voluntades de buena parte de los colaboradores, quienes en cierto momento comienzan a percibir que sus esfuerzos no son más que un derroche de empeños.

Conforme a mi parecer, un organismo que incluye entre sus propósitos convertirse en algo más que el lugar de encuentro de un pequeño grupo debiera sentar una filosofía. Preformar una filosofía es, también, hallar un argumento racional para su existencia.

Cuando hablo de encaminar la búsqueda de una filosofía para sostener a la agrupación, me refiero a la exploración de algunos interrogantes, pero también al hallazgo de respuestas:

¿Qué objetivos persigue la Sociedad de Fotógrafos y Videastas Profesionales a la que hemos dado entidad? ¿Quiénes la componen? ¿Por qué fue creada? ¿Cuáles son sus propósitos? ¿En qué marco pretende tratar los temas? ¿Qué “valor añadido” o “adicional” podría tornarse atractivo para el visitante? ¿Qué lugar ocupa u ocupará la ética en los proyectos?

Porque la ética será el sostén cardinal del grupo. Entre otras cosas nos inducirá a pensar cuál es la finalidad de nuestra actuación en la asociación, a valorar no sólo el contenido del mensaje que elaboro sino también, y en similar media, el ajeno, el del compañero que quizá piense distinto. La ética, ya no como una definición de diccionario sino como una virtud aplicada, amplía mi panorama, no lo estrecha, en este contexto me empuja a reflexionar sobre cuán amplio y variado puede ser el universo que engloba a los fotógrafos y realizadores de videos, por lo tanto las pautas que podrían ser beneficiosas para unos quizá no lo serían para otros. La ética siempre incorpora la diversidad, es inclusiva, no exclusiva. Incluye, no excluye.

Una sociedad que nuclea a una fracción de fotógrafos y videastas crece de acuerdo a su filosofía y eso no siempre se entiende así, suele pensarse que su antigüedad fundacional o la cantidad de reuniones y eventos organizados a lo largo del tiempo son relativamente proporcionales a su elevación. Es muy fácil caer en las trampas de la estadística.

Unirnos para compartir antes que alejarnos para conservar

Estoy convencido de que el conjunto de las aportaciones que la asociación vuelca a la comunidad (con el término “comunidad” me refiero a toda persona que ejerce la labor, asociados y no) debe trasladar también la idea de retribución, no con la forma de una obligación impuesta al profesional sino como propuesta de una toma de conciencia, para que quien recibe los beneficios logre percibir en algún punto que el ciclo no termina con su necesidad colmada, que la entidad apuesta a la edificación de un proyecto global, y esto sólo se consigue cuando la filosofía que impera en un grupo encierra esa idea y ésta se vuelve clara para todos. La dirección de este comentario se acerca a lo comunal, no a lo individual.

Pero para que este equilibrio se mantenga es preciso que cada afiliado tome conciencia que la agrupación sólo puede hacerse grande con la colaboración, que su aportación jamás será pequeña para la comunidad; y en este caso no me refiero precisamente al valor de una cuota mensual, tan necesaria para mantener y conservar a la institución, la aportación mencionada no se llama dinero sino participación.

Para materializar las ideas, las agrupaciones de la categoría que estamos planteando en esta ponencia, necesitan colaboradores, gente que les preste atención. La participación es la energía de la Sociedad. “Co-laborar” también es “trabajar juntos”.

Conclusiones

Para concluir me gustaría recordar que el “colaborador” es una figura recurrente y necesaria en la historia de los proyectos humanos. Las asociaciones se mantienen vigentes en un plano mucho más frágil que el calculado a primera vista y cada socio colaborador se convierte en uno de los hilos que la sostienen; es por esto que en la medida que los refuerzos se multipliquen su estabilidad será mayor.

Cuando las comunidades, con el transcurrir del tiempo, suman adeptos y se convierten en algo más que el lugar de encuentro de un pequeño grupo, se llenan de pensamientos desiguales; es precisamente en esta etapa, y cuando se ha desatendido el diálogo, donde podemos observar con mayor frecuencia la presencia del malentendido, quizá uno de los aspectos menos favorables del intercambio al que invita la palabra; es por ello que muchos grupos humanos, para hallar el consenso, han reconocido en el sistema democrático su mejor aliado. En tal caso, la “democracia participativa” será, según mi parecer, la alternativa más provechosa ya que ayudará, en este período, a promover un ambiente de cooperación.

Una “democracia participativa”… “aprovecha la experiencia y capacidad de todos”, “promueve la legitimidad”, “desarrolla nuevas capacidades”, “mejora la calidad profesional”.

Es por lo dicho que, de acuerdo a mi percepción del mundo, la evolución de una Sociedad de Fotógrafos y Videastas Profesionales debiera confiarse a las bases de una filosofía y no sólo a un abultado conjunto de normas estatutarias. Para comenzar su verdadera edificación,  tal vez sólo alcanzaría con que todos y cada unos de nosotros, fotógrafos y videastas, atendiéramos a una máxima:

“Respetá a tus compañeros como querrías que ellos te respetaran”

Luego, en el foro de debate, al final de las ponencias, seguiremos conversando.

 

Ariel García
Realizador de Videos / Miembro de la Sociedad de Fotógrafos y Videastas Profesionales de Rosario

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